Le hablas como le hablarías a un socio y te monta el catálogo, le responde a tus clientes y te cierra los pedidos. A cualquier hora, sin que abras esta página.
Sin instalar nada. Tu número de siempre, tus clientes de siempre.
Vender por WhatsApp funciona. El problema es que no escala con una sola persona contestando.
El mensaje que llegó a las 11 de la noche
Le contestas a las 8 de la mañana. Para esa hora ya le compró al que sí le respondió.
«¿Cuánto vale?» por cuadragésima vez
El mismo precio, la misma foto, el mismo domicilio. Todo el día, y ninguna de esas horas se cobra.
Pusiste plata en anuncios y no sabes cuál sirvió
Entraron pedidos, sí. Pero ¿de cuál anuncio? Sin saberlo, el mes que viene vuelves a apostar a ciegas.
Todo se pide hablando. No hay nada que configurar.
Le mandas las fotos como las tengas —de afán, sobre la mesa de la casa— y él les pone fondo blanco, nombre, categoría y precio.
Atiende tu WhatsApp con el catálogo en la mano: responde precios, arma el pedido, pide los datos y pasa la forma de pago. También de madrugada.
Le pides el anuncio hablando y él escoge el público, lo arma y lo conecta con tu WhatsApp. Sin aprenderse el administrador de Meta ni pagarle a nadie.
Desde el que vende una sola cosa hasta el que maneja mil referencias.
Maquillaje y belleza
Cien referencias parecidas y clientas que preguntan tono por tono.
Ropa y calzado
Tallas, colores y «¿te queda en la 38?» treinta veces al día.
Distribuidores y mayoristas
Precio al detal y precio por caja, con pedido mínimo, sin equivocarse.
Tiendas de barrio y misceláneas
De todo un poco, y el catálogo cambia cada semana.
Comida y domicilios
Pedidos a la hora pico, cuando nadie alcanza a contestar el teléfono.
Importadores
Llegó el contenedor y hay que subir doscientas referencias hoy.
No. Se conecta a tu WhatsApp de siempre, con tus clientes de siempre. Tú sigues viendo todas las conversaciones y puedes meterte cuando quieras.
No puede. Los precios y los totales los calcula el sistema desde tu catálogo, no el agente. Y si no le has puesto precio a algo, dice «a consultar» en vez de adivinar.
Habla como se habla acá y responde del catálogo, no de memoria. Lo que sí hace es contestar en segundos a cualquier hora, y eso el cliente lo agradece más de lo que le importa quién escribió.
Así funciona la mayoría, y por eso el control de existencias viene apagado. Tu página nunca dice «agotado» y el vendedor nunca espanta una venta de algo que sí conseguías.
Nunca sale un peso que tú no hayas puesto. El presupuesto diario lo decides tú al pedir la campaña, y la puedes bajar, subir o apagar cuando quieras diciéndoselo.
No. Todo se hace por WhatsApp, desde registrarte hasta recibir los pedidos. La página existe por si prefieres ver tus cosas en pantalla, pero puedes no abrirla nunca.
Sí. Puedes poner precio mayorista y pedido mínimo, y el vendedor decide cuál aplicar según lo que esté armando el cliente.
Cuando quieras. Es tu WhatsApp: entras a la conversación y sigues tú. El agente está para las horas en que no puedes, no para quitarte el cliente.
Móntala en lo que te tomas un tinto. Si no te sirve, no la usas y ya.